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Revistas Ciencia y tecnología :: 100cia.com Casa tomada - Julio Cortázar Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia. Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Cómo no acordarme de la distribución de la casa. Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. -Tuve que cerrar la puerta del pasillo. -¿Estás seguro? Asentí.

Siglo en la brisa Análisis de actualidad Bienvenido a Computerworld Colombia El milagro secreto - Jorge Luis Borges Y Dios lo hizo morir durante cien años y luego lo animó y le dijo: -¿Cuánto tiempo has estado aquí? -Un día o parte de un día, respondió. Alcorán, II, 261. La noche del catorce de marzo de 1939, en un departamento de la Zeltnergasse de Praga, Jaromir Hladík, autor de la inconclusa tragedia Los enemigos, de una Vindicación de la eternidad y de un examen de las indirectas fuentes judías de Jakob Boehme, soñó con un largo ajedrez. El diecinueve, las autoridades recibieron una denuncia; el mismo diecinueve, al atardecer, Jaromir Hladík fue arrestado. El primer sentimiento de Hladík fue de mero terror. Hladík había rebasado los cuarenta años. Este drama observaba las unidades de tiempo, de lugar y de acción; transcurría en Hradcany, en la biblioteca del barón de Roemerstadt, en una de las últimas tardes del siglo diecinueve. Nunca se había preguntado Hladík si esa tragicomedia de errores era baladí o admirable, rigurosa o casual. El piquete se formó, se cuadró. El universo físico se detuvo.

Dirección de Literatura UNAM - Inicio Opinion Poesía fuera del tiempo: Campos de ciudad, de Marcela Saldaño « poesiaycritica por Francisco Martinovich S.* Antes de sumergirse en la escritura que compone Campos de ciudad (Ediciones Corriente Alterna, 2012) de Marcela Saldaño, llamarán la atención del lector muchos elementos que rodean la escritura de este libro, seduciendo al ojo y abriendo el interés del lector por lo que a primera vista se muestra como una finísima producción visual. El pálido y profundo verde de las ilustraciones de Santiago Caruso llama la atención de hasta el más desprevenido usuario del transporte público que ve con extrañeza a algún mortal que sostiene entre sus manos un ejemplar de este libro. Simplemente, un trabajo pictórico que abre una inmejorable puerta a la escritura que conforma este poemario. Al recorrer las páginas de este libro, sorprende la soltura con la que se desenvuelven las palabras fuera del tiempo. Existe una voz, claro, pero esta misma reconoce la incertidumbre de su existencia en el horizonte textual, en que convergen certezas y negaciones. Marcela Saldaño Me gusta:

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