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Peru

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Las máscaras salvadoras del diablo. “Nos duele mucho, es como vivir con una espada clavada en el corazón”, cuenta Alfonso Nahuincha con cierta melancolía, desde su casa en Puno, una ciudad enclavada en el sur andino del Perú, frente al lago Titicaca, el cuerpo de agua navegable más alto de mundo (3.812 metros sobre el nivel del mar).

Las máscaras salvadoras del diablo

Sus palabras suenan sinceras y traen un eco que viene de siglos atrás. Desde que la pandemia provocada por la covid-19 llegó por esas alturas, hacia mediados de marzo como en todo el Perú, su oficio de bordador de trajes para el riquísimo folclore puneño se ha paralizado de manera dramática. Los numerosos contratos que tenía, para confeccionarlos o alquilarlos, quedaron suspendidos. Y su alma de artesano también sintió el golpe. Cuando llega la ola El 15 de julio llegó la ola mayor. “Estoy fabricando 400 y ya logré vender unas 60”, comenta. Una tradición casi milenaria fue, de pronto, a transformarse en ese atuendo sanitario que hoy se usa prácticamente en todo el planeta Una herida emocional.

El Congreso de Perú rechaza la destitución de Martín Vizcarra. Amantaní, la isla donde los turistas son bien recibidos pero no la industria hotelera. A la caza de los madereros ilegales que campan a sus anchas por el Amazonas. Ha pasado ya la medianoche cuando una camioneta de la policía, acompañada por otra de las autoridades forestales, peina una pequeña pista de tierra que une dos comunidades, Papaplaya y San Antonio del Huallaga, en plena amazonia peruana.

A la caza de los madereros ilegales que campan a sus anchas por el Amazonas

Sin más luz que los faros de las camionetas y unas pequeñas linternas con las que alumbran a los lados de la carretera desde el interior del vehículo, empiezan a descubrir los primeros listones de madera acopiados a la orilla del camino. Más adelante, en una pequeña curva, la misma escena. Y así hasta encontrar tres puntos en los que se había acopiado madera en un tramo de no más de dos kilómetros.

El convoy compuesto por tres camionetas y unas doce personas entre policías, guardas forestales, técnicos ingenieros de la Autoridad Regional Ambiental y un camarógrafo, deciden peinar a pie los alrededores en busca de un alijo de madera. Todavía en el camino y al poco tiempo de rebuscar con las linternas, se topan con la primera sorpresa. Ver fotogalería. Biodiversidad: Devolverle al reino animal lo que es suyo. — ¿Entonces esto no es un zoológico?

Biodiversidad: Devolverle al reino animal lo que es suyo

— No, esto es un centro de rescate. Nosotros sí podemos liberar animales, los zoológicos casi nunca. Cristian Vélez, ingeniero ambiental, responde contundente a la pregunta. Y la propia atmósfera del sitio confirma esa diferencia. Aquí no hay vendedores de algodón dulce, ni fotógrafos por doquier, ni mucho menos personas buscando su selfie hombre-animal. Lo que sí hay son jaulas con algunos primates, aves o felinos; pozas con caimanes y tortugas, de diversas especies; y fotos con letreros que explican el objetivo supremo del Centro de Rescate Amazónico (CREA), en Loreto (Perú): rescatar, rehabilitar y eventualmente liberar a especies de fauna silvestre que habitan en el ecosistema amazónico.

El drama de Miki y Maqui. Perú: Las amenazas que se ciernen sobre las papas. Sobre las tres de la tarde un día despejado, en estas alturas andinas a las que se llega por una carretera polvorienta, varios campesinos remueven su sagrada tierra para extraer algunas papas.

Perú: Las amenazas que se ciernen sobre las papas

Entre ellos, un anciano robusto, recio, que está alzando una pala. —¿Antes el clima era normal, Taita Sebastián? —Era mejor, era bonito, la lluvia llegaba en su época —responde en quechua, gracias a la ayuda de Alcides Taype, un joven traductor que es ingeniero. Hay un rictus de preocupación en su rostro cruzado por las arrugas que el abrasador sol de los Andes deja sin remedio. En Castillapata, comunidad del departamento de Huancavelica, en el centrosur de Perú, los habitantes han conocido en los últimos años heladas, granizadas y precipitaciones furiosas que caen fuera de tiempo. Que lo cuente un taita (hombre o padre muy respetable) es revelador. Pero la diligencia de Taita Sebastián y los otros comuneros no implica que este campo, que ahora se ve algo feliz, carezca de problemas.

Mundo rural: Una carretera en el pueblo que no tiene nada. “No tenemos nada”, repite Jorge Gutiérrez, alcalde de La Yarada los Palos, un municipio al sur de Perú, en la misma frontera con Chile.

Mundo rural: Una carretera en el pueblo que no tiene nada

Ni carreteras ni agua potable ni saneamiento. En este pueblo de 20.000 habitantes no hay local para la comisaría de policía ni para los bomberos. “Carecemos de todo”, insiste el regidor. La municipalidad distrital, el término administrativo usado en el país, nació en 2017. Hasta entonces era un barrio periférico de Tacna, la capital del departamento, una ciudad de algo menos de 300.000 habitantes.

Construyó un edificio administrativo que todavía huele a nuevo y diseñó un escudo. De las 54.0000 hectáreas que ocupa el distrito, 40.000 están sembradas por estas y otras hortalizas. Pedro Mamani contrata cada campaña al menos a 10 parejas para trabajar en sus 40 hectáreas. Este proyecto forma parte de todo un programa de caminos rurales que tiene la meta de rehabilitar 2.200 kilómetros de carretera y de mantener más de 2.000 ver fotogalería.