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Buero Vallejo

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Cuando Buero Vallejo se quejó a Fraga. En los años en los que arreciaba el franquismo en España, dos escritores fraguaron una intensa amistad que fue creciendo a lo largo de medio siglo con la levadura de una correspondencia continuada y sincera.

Cuando Buero Vallejo se quejó a Fraga

Las cartas iban y venían de Londres a Madrid cada semana: Querido Toni; querido Vicente. Toni es el dramaturgo Antonio Buero Vallejo (1916-2000); Vicente Soto (1919-2011), el escritor valenciano al que conoció en una tertulia madrileña y que pasó a máquina Historia de una escalera, estrenada en 1949. Por aquel entonces comenzó la amistad. Este año se cumplen 100 del nacimiento de Buero, en Guadalajara. Con ese motivo, el profesor Domingo Ródenas, de la Universidad Pompeu Fabra, publica una selección de aquellas cartas, inéditas hasta ahora, que abarcan desde 1954 hasta 2000.

Ambos autores representan la doble cara de una moneda amarga: la dictadura. La única forma de verse eran las cartas. Ródenas: "Ninguna sala ha programado nada del dramaturgo este año" Horas de madrugada. El sueño patriótico de Buero Vallejo. «¿Sabes por qué eres mi predilecto, Leopoldo?

El sueño patriótico de Buero Vallejo

Porque eres un soñador. Los demás se llenan la boca de grandes palabras y, en el fondo, solo esconden mezquindad y egoísmo. Tú estás hecho al revés: te ven por fuera como el más astuto y ambicioso, y eres un soñador ingenuo, capaz de los más finos escrúpulos de conciencia. Antonio Buero Vallejo, abrir los ojos. En 1951 la aparición de la novela «La colmena», de Camilo José Cela, supuso un punto de inflexión en la narrativa española de postguerra.

Antonio Buero Vallejo, abrir los ojos

Buero Vallejo, la tragedia esperanzada. No tuvo las cosas fáciles Antonio Buero Vallejo: ni en su trayectoria biográfica ni como autor dramático.

Buero Vallejo, la tragedia esperanzada

Y, cuando logró el unánime reconocimiento de público, crítica y estudiosos, le tocó otra carga no pequeña: ser la cabeza visible del teatro español de la posguerra. Todo eso lo sobrellevaba con una dignidad que no debía confundirse con altanería. Podrían algunos imaginar que su personalidad era amargada. ¡Nada de eso! Recuerdo muy bien su sentido del humor, cómo le gustaba gastar bromas. Buero Vallejo, el ausente. Cuando este verano tuvo lugar la entrega de los Premios Buero de la Fundación Coca-Cola en el teatro María Guerrero flotaba en el aire una sensación especial.

Buero Vallejo, el ausente

No sólo por las palabras conmovedoras que su viuda, Victoria, dirigió a los presentes, ni por la conciencia de que se cumplía el centenario del autor cuyo nombre llevan los galardones, sino por el hecho singular de que varios centenares de chavales estuvieran recordando juntos y con notable entusiasmo a un dramaturgo al que el teatro profesional ha ignorado de manera flagrante, no sólo durante años, sino incluso en su propia efemérides. Dicen por ahí que si Buero Vallejo no está en las programaciones de los grandes coliseos públicos es por problemas con sus herederos, y yo ignoro si el dato es cierto o no.

Pero me resulta asombroso, y hasta humillante, que no se haya podido llegar a un acuerdo para honrar como se merecía a uno de los dramaturgos esenciales del siglo XX. La joven escena ante un clásico incómodo. Antonio Buero Vallejo, el dramaturgo que pintó la realidad en su teatro. El 29 de septiembre de 1916 nacía en Guadalajara Antonio Buero Vallejo, uno de los autores fundamentales del teatro español del siglo XX, renovador de nuestra escena con sus obras amargas y realistas que abrieron las puertas, a principios de los años cuarenta, a un tipo de teatro hasta entonces apenas transitado.

Antonio Buero Vallejo, el dramaturgo que pintó la realidad en su teatro

Hoy, desgraciadamente, sus obras apenas pueden verse en nuestros escenarios. Una magnífica versión de «La Fundación» dirigida por Ruth Rubio en La pensión de las pulgas, ha sido el último montaje presentado en Madrid. Juan Carlos Pérez de la Fuente, en los años en que dirigió el Centro Dramático Nacional (1996-2004) montó, precisamente, «La Fundación» e «Historia de una escalera», la obra con la que se dio a conocer, en 1949, y con la que ganó el premio Lope de Vega.

En homenaje a Buero Vallejo. La noche del pasado 28 de abril cayó definitivamente el telón sobre Antonio Buero Vallejo, figura esencial del teatro español de este siglo.

En homenaje a Buero Vallejo

Era nuestro último clásico, así que desde ese instante se multiplicaron los artículos y homenajes que intentaban medir la estatura teatral, intelectual y moral del autor desaparecido. Hoy EL CULTURAL va a hablar también de Buero. Pero no de su vida, ni de su obra, sino de lo que vertebra a ambas. De su actitud moral. Del posibilismo. Ambos teníamos razón, por Alfonso Sastre. Buero Vallejo, el ausente. Cuando este verano tuvo lugar la entrega de los Premios Buero de la Fundación Coca-Cola en el teatro María Guerrero flotaba en el aire una sensación especial.

Buero Vallejo, el ausente

No sólo por las palabras conmovedoras que su viuda, Victoria, dirigió a los presentes, ni por la conciencia de que se cumplía el centenario del autor cuyo nombre llevan los galardones, sino por el hecho singular de que varios centenares de chavales estuvieran recordando juntos y con notable entusiasmo a un dramaturgo al que el teatro profesional ha ignorado de manera flagrante, no sólo durante años, sino incluso en su propia efemérides. Dicen por ahí que si Buero Vallejo no está en las programaciones de los grandes coliseos públicos es por problemas con sus herederos, y yo ignoro si el dato es cierto o no. Pero me resulta asombroso, y hasta humillante, que no se haya podido llegar a un acuerdo para honrar como se merecía a uno de los dramaturgos esenciales del siglo XX. Antonio Buero Vallejo. Tomó posesión el 21 de mayo de 1972 con el discurso titulado García Lorca ante el esperpento.

Antonio Buero Vallejo

Le respondió, en nombre de la corporación, Pedro Laín Entralgo. Fue tesorero entre 1978 y 1986 y vocal adjunto de la Junta de Gobierno de la RAE de 1976 a 1978.