
Free Audiobooks and eBooks - Librophile Julio R. Ribeyro (Demetrio) (gracias Juan Carlos) Dentro de un cuarto de hora serán las doce de la noche. Esto no tendría ninguna importancia si es que hoy no fuera el 10 de noviembre de 1953. En su diario íntimo Demetrio von Hagen anota: "El 10 de noviembre de 1953 visité a mi amigo Marius Carlen". Debo advertir que Marius Carlen soy yo y que Demetrio von Hagen murió hace exactamente ocho años y nueve meses. Continuando la lectura del diario hube de hacer una nueva y definitiva comprobación. Lo cierto es que en este momento mi confusión prevalece y pocas son las conclusiones que puedo sacar. París, noviembre de 1953
Horacio Quiroga, El hombre muerto Sección: Bitblioteca El hombre muerto El hombre y su machete acababan de limpiar la quinta calle del bananal. Faltábanles aún dos calles; pero como en éstas abundaban las chircas y malvas silvestres, la tarea que tenían por delante era muy poca cosa. El hombre echó, en consecuencia, una mirada satisfecha a los arbustos rozados y cruzó el alambrado para tenderse un rato en la gramilla. Mas al bajar el alambre de púa y pasar el cuerpo, su pie izquierdo resbaló sobre un trozo de corteza desprendida del poste, a tiempo que el machete se le escapaba de la mano. Ya estaba tendido en la gramilla, acostado sobre el lado derecho, tal como él quería. El hombre intentó mover la cabeza en vano. La muerte. Pero entre el instante actual y esa postrera expiración, ¡qué de sueños, trastornos, esperanzas y dramas presumimos en nuestra vida! Es éste el consuelo, el placer y la razón de nuestras divagaciones mortuorias: ¡Tan lejos está la muerte, y tan imprevisto lo que debemos vivir aún! ¿Aún...? Muerto.
El Ruiseñor y la Rosa Fourni par Traduction - Dijo que bailaría conmigo si le llevaba rosas rojas -exclamó el joven estudiante-; pero no hay ni una sola rosa roja en todo mi jardín. Desde su nido en la encina le oyó el ruiseñor, y miró a través de las hojas y se quedó extrañado. - Ni una sola rosa roja en todo mi jardín -exclamó el estudiante; y sus hermosos ojos se llenaron de lágrimas. - ¡Ah, de qué cosas tan pequeñas depende la felicidad! - He aquí por fin un verdadero enamorado -dijo el ruiseñor. - Noche tras noche le he cantado, aunque no le conocía; noche tras noche he contado su historia a las estrellas, y ahora le estoy viendo. - El príncipe da un baile mañana por la noche -musitó el estudiante-, y mi amada estará entre los invitados. - He aquí ciertamente el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor. - Lo que yo canto, él lo sufre; lo que es para mí alegría es dolor para él. Y se arrojó sobre la hierba, y ocultó el rostro entre las manos y lloró. - ¿Por qué llora? - Eso, ¿por qué? - Sí, ¿por qué? - ¡Sé feliz!
El hombre que contaba historias - Oscar Wilde Había una vez un hombre muy querido de su pueblo porque contaba historias. Todas las mañanas salía del pueblo y, cuando volvía por las noches, todos los trabajadores del pueblo, tras haber bregado todo el día, se reunían a su alrededor y le decían: -Vamos, cuenta, ¿qué has visto hoy? Él explicaba: -He visto en el bosque a un fauno que tenía una flauta y que obligaba a danzar a un corro de silvanos. -Sigue contando, ¿qué más has visto? -Al llegar a la orilla del mar he visto, al filo de las olas, a tres sirenas que peinaban sus verdes cabellos con un peine de oro. Y los hombres lo apreciaban porque les contaba historias. Una mañana dejó su pueblo, como todas las mañanas... -Vamos, cuenta: ¿qué has visto? Él respondió: -No he visto nada.
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