background preloader

Vila matas

Facebook Twitter

Un farol sobre la Diagonal. Recuerdo que, a finales del siglo pasado, al interesarme de pronto por la avenida Diagonal (por el tramo entre Macià y paseo de Gràcia), traté de descifrar un viejo enigma: por qué la acera del lado montaña era mucho más viva y atractiva y había tenido desde siempre muchos más paseantes que la sombría acera del lado mar, a la que la mayoría de barceloneses vio siempre como sonámbula y maldita. Intenté resolver el misterio recorriendo de noche con una luz de farol la dos aceras, es decir, utilizando el método de Ramón Gómez de la Serna en su visita nocturna al museo del Prado, donde fue descubriendo a farolazos los cuadros allí expuestos. Pero finalmente, supongo que a causa del sistema empleado, no resolví enigma alguno. Sin embargo, la investigación me dejó anotaciones acerca de la espectacularidad de las modernistas Casa Sayrach (imponente junto a Enric Granados), Can Serra, Casa Pérez Samanillo (hoy Círculo Ecuestre) y la Iglesia del Carmen, de estilo bizantino.

Christopher Domínguez Michael sobre Vila-Matas. El sitio privilegiado que Enrique Vila-Matas ocupa en la narrativa mundial se debe, en no poca medida, a su presencia como el postulante de un canon. Ningún otro escritor contemporáneo, al menos en español, ha resultado tan fértil en ese sentido, lo cual es más sorprendente por ser consecuencia de un carácter novelesco y no de una intención apologética. Vila-Matas le ha dado orden y concierto a una literatura que ya estaba en las librerías, como lo estaban, en 1940, los libros de Wells y de Chesterton que reseñaba Borges. Ha sabido ser Vila-Matas, además, un hombre culto, en el sentido que Julio Ramón Ribeyro, una de sus fuentes de inspiración, le daba a esta expresión en literatura: dominar lo diverso y hacer inteligible el caos que agobia a la mente creativa. Al otorgarle voz y voto a sus lectores, Vila-Matas nos ha reclutado, en la buena compañía de sus héroes literarios, para su causa, desde Historia abreviada de la literatura portátil (1985) hasta Dietario voluble.

El largo adiós de Sophie Calle. El largo adiós de Sophie Calle1Ayer Sophie Calle me envió su libro Prenez soin de vous (Cuídate). Cuando vi que podía también traducirse por Que dios te ampare, sentí un cierto escalofrío. ¿Se estaría sutilmente despidiendo de mí? Las cartas de amor -decía Pessoa- son ridículas. Pero ¿qué decir de las de ruptura? Sin duda también pueden serlo. La que Sophie Calle recibió no hace mucho (un e-mail para ser más exactos) contenía una serie de explicaciones por parte de G. que desembocaban en una fría, glacial despedida: "Prenez soin de vous".

No sabiendo Sophie Calle qué responder y no acabando de entender la irónica y cruda recomendación final, decidió pedir a 107 mujeres que interpretaran esa carta. "Recibí un e-mail de ruptura", explica Sophie en su libro. En Prenez soin de vous se observa que aquello que nos toca en lo más íntimo -la ruptura de un amor, por ejemplo- no tiene por qué necesariamente ser un asunto personal. Cada día nos despedimos de alguien a quien no veremos más. Christopher Domínguez Michael sobre Vila-Matas.

Photo by rafamilan. Las firmas son tímidas · ELPAÍS.com. 1Se cuenta que a la gran actriz francesa Sarah Bernhardt la detuvo una mañana un señor por la calle para preguntarle si era la ilustre Sarah Bernhardt. -Sí, lo seré esta noche -dijo ella. 2 La impresión de que como escritor voy contra natura cuando aparezco en público y más cuando, a causa de la lógica perversa de la aparición misma, me veo de golpe haciendo teatro, transformado en otro, convertido en alguien distinto del que escribe y también distinto del que vive y que en mí al menos nunca se confunde con el que escribe, por mucho que algunos crean lo contrario.

La impresión de que en esas ocasiones aparece siempre "el tercer hombre", el actor que sabe que esas intervenciones en público nada tienen que ver con la actividad de escribir y sí en cambio con el reposo, son manifestaciones puras y duras de esa "sociedad del espectáculo" que Guy Debord diagnosticó con lucidez de primera hora. -He venido desde Bendinat para saludarle y para que me firme este libro. www.enriquevilamatas.com. Enrique Vila-Matas. Nos perdimos la revolución · ELPAÍS.com. Recuerdo la noche de finales de los sesenta en Barcelona en la que un conocido intelectual de aquella brillante generación de los Barral, Biedma y Marsé se obsesionó de pronto, apoyado en la barra de un famoso bar de la ciudad, en saber quién había inventado la palabra revolución. A la mañana siguiente, decidí buscar por mi cuenta al inventor de la palabra. Un libro, que me ha acompañado durante años y que me ha resultado siempre de una utilidad fantástica, Diccionario de símbolos, de Juan-Eduardo Cirlot, me echó oportunamente una mano y, gracias a él, pude saber que en realidad la revolución era tan antigua como el hombre.

La entrada "revolcamiento" explicaba que el acto de revolcarse en el suelo, especialmente sobre el barro o agua pantanosa, formaba parte de la terapéutica primitiva universal y se hallaba también en prácticas mágicas, en las cuales el hombre necesitaba revolcarse en tierra para levantarse transformado en lobo. Cuando opino de literatura, no muere nadie. Vila Matas sobre Robert Walser. El centro de Atenas · ELPAÍS.com. ¿Por qué tantos ejecutivos chinos en este vuelo de Barcelona a Atenas? ¿Qué han podido ver en las dos ciudades en crisis para moverse entre ellas?

Me hundo en mi asiento y dejo que mi mirada se pierda en la prensa del día y, al ver imágenes de las protestas ante Wall Street, me dedico a imaginar que pronto podrían volver con toda su aura los años sesenta y su rueda de revoluciones juveniles y grandes propuestas para cambiar la vida. Pero no tarda nada mi leve sonrisa en quedarse helada cuando la nuca rasurada del chino de delante me devuelve a la realidad. ¿Tan ilusorio era lo que imaginaba?

Quizás no tanto. Aquí uno termina por juzgar increíble que en el fondo la vida siga tan vibrante Voy a Atenas pensando en esto y aquello y acabo recordando el reciente caso de la subcontratada de la limpieza del Museo Ostwall de Dortmund que, valiéndose de una bayeta, destruyó la obra de arte Cuando los tejados comienzan a gotear, de Martin Kippenberger. Www.enriquevilamatas.com. Ecos de Budapest · ELPAÍS.com. El pasado lunes, las circunstancias -unos obligados trabajos forzados- me llevaron a realizar un viaje de ida y vuelta a París en un mismo día. Gajes del oficio, que suele decirse. Con el fin de contemplar como interesante un viaje que en absoluto lo era, me dije que iba a estar bien, al término de aquel desplazamiento tan fantasmal, saber cómo me sentía por la noche en casa cuando, habiendo pasado íntegramente el día en París, me hallara sentado en la misma cama barcelonesa en la que, a las seis en punto de la mañana, me había vestido en la oscuridad para salir como un sonámbulo hacia el aeropuerto.

Gracias a este leve estímulo, logré de muy oscura mañana dejar mi casa e iniciar el intempestivo traslado. Nada es grande o pequeño sino por comparación. En el vuelo hacia París traté de relacionar el día que me esperaba con algún otro ya vivido antes, pero pronto vi que era tarea inútil. Eso me dejó inquieto. -¿Y lo consigue? Siempre ha sido así. Miré el reloj y se había hecho tarde.

El espíritu de la escalera · ELPAÍS.com. La primera vez que oí decir que literatura y venganza se hallaban estrechamente relacionadas fue en Antibes, hace muchos años, en una taberna del viejo puerto. A altas horas de la noche, alguien comparó a la totalidad de la literatura con una "inmensa venganza del esprit de l'escalier". No entendí nada, pero retuve con fuerza la extraña comparación y también aquella enigmática expresión francesa: "el espíritu de la escalera".

Muchas veces, en la confianza de que un día podré descifrarlas, he memorizado frases que de entrada me parecían ininteligibles. El tiempo ha terminado siempre acudiendo en mi auxilio, aunque en el caso del "espíritu de la escalera" lo hizo con parsimonia, pues tuve que esperar décadas. No volví a encontrarme con aquella misteriosa expresión hasta el año pasado en Bogotá cuando fui a ver qué decían César Aira y Juan Gabriel Vásquez en un coloquio titulado La venganza en la literatura.

Días enteros bajando escaleras. Www.enriquevilamatas.com. Grandes tarados, sin sentimientos · ELPAÍS.com. Ayer mismo, al ir a cruzar la Diagonal de Barcelona, la joven desconocida que iba diez metros delante de mí y hablaba por móvil dio un grito repentino (después supe: la muerte de un ser querido) y rompió en fuerte llanto que la hizo ir doblegándose sobre sí misma y caer de rodillas al suelo, desolada, desesperada. De modo que ésta es la famosa realidad, pensé.

Esa fue mi fría y única reacción inicial, quizás porque, como de costumbre, andaba abstraído en mi mundo mental, paralelo al real. Cuando horas después volví sobre lo sucedido, me di cuenta del pavoroso lugar en el que me estaba dejando mi mundo paralelo, mi extrema vida secreta, y pensé en aquel mendigo de Santiago de Chile que veía Bolaño en la calle Banderas esquina Ahumada, aquel hombre que aseguraba ser nieto de Tolstói y pedía limosna diciendo: "Miren dónde me ha dejado la Revolución Rusa". ¡El amargo esfuerzo de pasar por un ser humano! ¡El amargo esfuerzo de pasar por un ser humano! Www.enriquevilamatas.com. La vida desde el tren · ELPAÍS.com. Es conocido el caso del poeta W. H. Auden, que iba cruzando los Alpes junto a unos amigos y leía con atención un libro, pero sus acompañantes no dejaban de lanzar exclamaciones de éxtasis ante lo majestuoso del paisaje; durante unas décimas de segundo, despegó la vista del libro, miró por la ventanilla del vagón de tren y regresó a su lectura diciendo: "Con una mirada alcanza y sobra".

Auden recuerda al Quijote. Al igual que este, caza un atisbo de la realidad y deja que la imaginación haga el resto. Pensé en esto ayer mientras veía representada en un colegio de los salesianos de Barcelona El coloquio de los perros, esa obra en la que Cervantes reflexiona sobre las relaciones entre la literatura, la verosimilitud y la realidad e inventa la narración ensayística, o el ensayo narrado, la larga senda que llevaría a Borges y que tanto escandaliza a algunos de mis paisanos. Auden recuerda al Quijote. Caza un atisbo de la realidad y deja que la imaginación haga el resto.