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Palabrismos poéticos

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Lost & Found: ‘Amarillo’ Félix Romeo buscaba. Se sabía todos los libros, todas las películas, todas las canciones; primero las disfrutaba sin prejuicios, por el goce de descubrir, de conocer, y más tarde analizaba, recomendaba, te convencía. Félix encontraba. No le recuerdo con sombrero y lupa y gabardina, igual que un detective de novela juvenil, aunque sí recuerdo fotografías con un gorro de lana, sí recuerdo sus camisetas negras, y también un gesto: su obsesión por colmar de vino, de cerveza, el vaso del que bebías. Tocaba brindar siempre: tocaba siempre el vaso lleno. Los vasos de ‘Amarillo’ los imagino, en cambio, vacíos.

Medio vacíos. En ‘Amarillo’ preocupan otras cosas. ‘Amarillo’ cuenta la historia del escritor Chusé Izuel, con el que Félix compartió la vida entera, desde el colegio, hasta que Chusé se tiró por un balcón. Y despliega las pistas, igual que cualquier otro investigador: Chusé amaba la literatura, era literatura, respiraba en los libros ajenos, se embarullaba con los propios. Gabriel Celaya, la poesía social y Facebook · ELPAÍS.com. El caso del pintor inexistente · ELPAÍS.com. El hombre que reescribía a Carver. Sorprendente, ¿verdad? Todavía más es leer el final, es decir, las últimas líneas. ¿Qué puso el frío, inhumano, cínico Carver al final de esta historia? Esta escena: Bill llega a la cima de la colina y ve a Jerry de pie, inmóvil, y cerca de él el cuerpo de la muchacha. Quiere huir pero apenas puede moverse. Pero Jerry estaba ahora de pie frente a él, desaparecido en su vestimenta como si los huesos lo hubieran abandonado. Fin. Ahora bien, la curiosidad no es la de entender si es más bello el cuento como lo escribió Carver o como salió de la tijera de Gordon Lish.

«Diles a las mujeres que salimos» es la obra maestra que es porque realiza a la perfección un modelo de historia que luego tendría en los herederos más o menos directos de Carver una atracción muy fuerte. (Jerry) «Regresemos. Es bastante para que el lector sienta de entrada un hedor de violencia y tragedia. Sólo que Gordon Lish borró todo. ¿Puedo permitirme una nota más técnica? «Mira allá», dijo Jerry, moderando la marcha. Libros que dañan. Devaluación y vanguardia. Algo devaluado, por definición, es algo que ha tenido valor. El método paranoico-crítico de Salvador Dalí es una joya intelectual, heredera de la pareidolia y pariente de la sinestesia (de la que es actual valedora Iguazel Elhombre). No, no se vayan. ¿Alguna vez han visto una forma concreta en un baldosín o una nube? Esa sinestesia, pasada por el turmix de la mente de Dalí y las rocas de Cadaqués, ha marcado en cierto modo el siglo XX. ¿No es apasionante? Estará devaluada, pero la ruptura con las convenciones estéticas es, creo yo, una de las más revolucionarias formas de avanzar.

La historia del arte, tan estancada, está pidiendo a gritos que bebamos, mastiquemos, esnifemos, en esas primeras décadas del siglo XX. Para los que no gustan de pulsar enlaces: Método paranoico-crítico De Wikipedia, la enciclopedia libre El método paranoico-crítico es una propuesta elaborada por el pintor surrealistaSalvador Dalí. Pareidolia Sinestesia. Lector Ileso - La Coctelera. "Soy anarquista poético: mi mundo no es de este reino" Radar. Sólo estoy seguro de una cosa con respecto a la poesía de Nicanor Parra en este nuevo siglo: pervivirá. Esto, por supuesto, significa muy poco y Parra es el primero en saberlo. No obstante, pervivirá, junto con la poesía de Borges, de Vallejo, de Cernuda y algunos otros. Pero esto, es necesario decirlo, no importa demasiado.

La apuesta de Parra, la sonda que proyecta Parra hacia el futuro, es demasiado compleja para ser tratada aquí. También es demasiado oscura. Posee la oscuridad del movimiento. El que sea valiente que siga a Parra. Hay momentos en la travesía de un poeta en la que a éste no le queda más remedio que improvisar. Un apunte político: Parra ha conseguido sobrevivir. Versos tomados al azar. La poesía de las primeras décadas del siglo XXI será una poesía híbrida, como ya lo está siendo la narrativa. El “antipoeta” chileno Nicanor Parra fue anunciado como ganador del Premio Cervantes la semana pasada. Los narradores · ELPAÍS.com. Quién sabe de dónde vienen las historias. De joven uno piensa que inventarlas, construir tramas brillantes, encontrar una forma original de contar, es un talento específico y más bien secreto que posee muy poca gente, los escritores, los maestros.

Uno quiere ser literario sin interrupción, sublime sin interrupción, como el dandi de Baudelaire, y se enamora de libros que tratan de escritores y de escritores que ejercen de manera incesante como tales, que van vestidos de escritores y hablan como escritores con otros escritores y son tan literarios que los críticos literarios los adoran, sabiendo que pisan un terreno seguro, el de la literatura evidente, la literatura literariamente enroscada alrededor de sí misma. Yo recuerdo el complejo que tenía la primera vez que fui a Madrid a una reunión de escritores. De escritores de verdad, no los que compartían conmigo la visibilidad vehemente pero limitada por los confines de nuestra provincia.

Ahora ha hecho veinticinco años. La tumba de la poesía · ELPAÍS.com. Conocí hace un tiempo a un hombre que no leía poesía pero tenía una extraña predilección por las tumbas de los poetas. Era un buen viajero, y antes de cada uno de sus viajes se documentaba concienzudamente sobre los cementerios de las ciudades que visitaba, a la búsqueda de lugares donde reposaran los restos de algún poeta. Al llegar a su destino siempre encontraba alguna hora para visitar la tumba decidida de antemano, sin importarle mucho si el poeta en cuestión era una gloria universal o un modesto talento local, ni si estaba sepultado en un suntuoso panteón o en un humilde nicho. Permanecía largo rato ante la lápida elegida y ese hombre, mal lector de poesía, tenía la sensación de que oía versos primorosamente recitados en las más distintas lenguas y, aunque no entendía las palabras, sí creía comprender el espíritu de los murmullos que llegaban a sus oídos.

Hace unos meses, en Peredelkino, me acordé de él. Una máquina de hacer poemas · ELPAÍS.com. En 1960, un grupo de autores franceses fundó OuLiPo (Ouvroir de Littérature Potentielle), taller de escritura que pretendía aplicar limitaciones forzadas y leyes matemáticas para conseguir una literatura en la dirección del surrealismo, aunque en sentido contrario: frente a la religión del azar, el álgebra de las combinaciones y permutaciones, las retrogresiones y fugas.

Cabeza visible de aquel taller que no creía en la visita de las musas fue Raymond Queneau (1903-1976), ilustre miembro del Colegio de Patafísica, quien llevaba usando esos procedimientos por lo menos desde 1947, con Exercices de style (Ejercicios de estilo). Cien mil millones de poemas (Homenaje a Raymond Queneau) Jordi Doce, Marta Agudo, Fernando Aramburu, Rafael Reig, Pilar Adón, Julieta Valero, Javier Azpeitia, Santiago Auserón, Francisco Javier Irazoki, Vicente Molina Foix Demipage. La realización artesanal de este libro lo ha convertido en un libro-objeto: dicho sea con afán laudatorio.